Huelga de hambre indefinida ante las Naciones Unidas

 

Tres hombres han decidido comenzar el año nuevo tibetano sumándose a la huelga de hambre del Parlamento Tibetano en el Exilio. Sin embargo, no hacen un ayuno simbólico, sino una auténtica huelga de hambre indefinida como protesta ante la pasividad de la comunidad internacional y la Organización de Naciones Unidas.

 

Por eso han decidido acampar ante la sede de la ONU en Nueva York para hacer ver su protesta. Son Dorjee Gyalpo, Yeshi Tenzing, y Su Eminencia el 11º Shingza Rinpoché.

 

 

Rinpoché, de nombre Chökki Gyaltsen, nació el 15 de enero de 1980 en Bongtag (Tíbet). Su Santidad el Dalai Lama lo reconoció como la reencarnación del 10º Shingza Rinpoché cuando tenía trece años y se unió al monasterio de Ragya, en Golok (Tíbet). Escapó al exilio en 1997 y se incorporó al monasterio de Sera al sur de la India. Su Santidad el Dalai Lama le concedió el título de Geshe Lharampa en 2011 tras completar sus estudios de filosofía budista. En 2008 tomó parte de la “Marcha al Tíbet” organizada por cinco ONGs tibetanas. Después fue voluntario de “Regreso al Tíbet”, una misión secreta llevada a cabo por sesenta monjes activistas. Para preservar y promocionar el uso del idioma tibetano, Su Eminencia está organizando un concurso anual de poesía en tibetano. Apuesta por la independencia total del Tíbet y además es escritor. También es fundador de www.wokar.net, una web educativa muy popular entre los tibetanos.

 

 

Dorjee Gyalpo nació el 5 de marzo de 1953 en Kyidong Pang-Shing (Tíbet). Escapó a Nepal en 1960. En 1965 se trasladó a la India y estudió en Dharamsala Bajo. Después continuó sus estudios en la Escuela Central Tibetana en Kalinpong. Fue miembro ejecutivo del Congreso de la Juventud Tibetana en 1978, mudándose en 1992 a Massachusetts gracias al Proyecto de Reubicación Tibetana de EEUU, y un año después se estableció en Minnesota. Su inspiración para participar en esta huelga de hambre viene de una charla que dió Su Santidad el Dalai Lama a él mismo y a otros tibetanos que se mudaron a Estados Unidos, cuando dijo que son los representantes de seis millones de tibetanos. Siempre ha sido un miembro activo del Congreso de la Juventud Tibetana y ha participado en muchos eventos. Actualmente es representante de esta ONG en Minnesota.

 

Yeshi Tenzing nació el 15 de marzo de 1973 en el exilio y estudió en la Escuela Central Tibetana en Dalhousie. Fue presidente del Congreso de la Juventud Tibetana en Herbertpur (India) entre 2004 y 2010. Ha sido un miembro activo del Congreso y ha participado en muchas de sus campañas en la India.

 

 

Declaración del Parlamento Tibetano en el Exilio con motivo del Año Nuevo Tibetano

Declaración del Parlamento Tibetano en el Exilio con motivo de la huelga de hambre simbólica de un día llevada a cabo por sus miembros y público en general durante el primer día del nuevo Año Tibetano del Dragón de Agua, 22 de febrero de 2012, en el Theckchen Choeling, Templo Principal de Dharamsala.

 

 

Penpa Tsering, portavoz del Gobierno exiliado, pronuncia el discurso.

 

Entre los patriotas hombres y mujeres tibetanos que han cometido el heróico acto de la auto-inmolación en Tíbet bajo las dos consignas principales que demandan el regreso de Su Santidad el Dalai Lama al Tíbet y libertad y derechos humanos para el pueblo tibetano, el Venerable Tapey del monasterio de Kirti marcó la pauta el 27 de febrero de 2009. Desde entonces, entre el 16 de marzo de 2011 y el 19 de febrero de 2012, alrededor de veintitrés tibetanos, tanto laicos como ordenados, se han auto-inmolado en Tíbet por Tíbet y su pueblo. Dos tibetanos han hecho lo mismo fuera del Tíbet, por lo que son un total de veinticinco por ahora. Quince de ellos, incluidas tres monjas, han perdido sus preciosas vidas en el proceso y no hemos podido constatar en qué condiciones ni dónde se encuentran los demás.

 

También hemos sabido por medio de fuentes fiables que el 23 de enero de 2012, con motivo de la celebración del Año Nuevo chino, los tibetanos en Tíbet quisieron dedicar ese día al luto, celebrando manifestaciones pacíficas. Sin embargo, la policía china y los militares abrieron fuego real indiscriminado sobre ellos y cuatro tibetanos en Draggo, dos en Sertha y uno en Zamthang, siete en total, fueron masacrados. Más aún, hemos podido saber que el 8 de febrero de este mismo año, el mismo tipo de concentraciones pacíficas tuvieron lugar en otros lugares, como Nangchen, Trindu, Zatoe, Golok, Chuchen, Chabcha, etc. observando el “Miércoles Blanco”, considerado un día favorable para rezar por la larga vida de Su Santidad el Dalai Lama. Sin embargo, dado que el gobierno chino había bloqueado todas las conexiones de internet y de teléfono en la mayoría del Tíbet y especialmente en aquellos lugares en los que se celebraban concentraciones, no llegamos a ser conscientes del grado de represión y el número de gente asesinada, torturada o arrestada. En efecto, existe un estado de sitio militar no declarado en Tíbet en estos momentos y el gobierno chino ha declarado abiertamente la “guerra” sobre el pueblo tibetano en su conjunto.

 

El Parlamento Tibetano en el Exilio ha estado llamando la atención continuamente al gobierno de China y a la Comunidad Internacional sobre la urgencia de la situación en Tíbet por medio de una serie de notas de prensa. Recientemente, una delegación especial del Parlamento Tibetano en el Exilio viajó a Nueva Delhi para informar a algunas embajadas de distintos países sobre el rápido deterioro de las condiciones de vida en Tíbet. También hicimos llegar una carta abierta al presidente chino.

 

Por medio de esta declaración, una vez más volvemos a llamar la atención del gobierno de China y a la Comunidad Internacional como sigue:

 

Llamamiento a los líderes chinos:

 

1. Retiren el enorme refuerzo militar para reducir la tensión inmediatamente y tomen medidas para otorgar la debida consideración a las aspiraciones del pueblo tibetano.

 

2. Permita que delegaciones de observadores independientes y apartidistas valoren la situación sobre el terreno. Si tienen problemas con ello, permitan que una delegación tibetana visite el Tíbet.

 

3. Acaben con las políticas y los programas que tienen como objetivo destruir la identidad del pueblo tibetano. Proporcionen libertad religiosa y pongan en marcha medidas de reconciliación para apaciguar el sentimiento de dolor en el pueblo tibetano.

 

4. Detengan la sedentarización de los nómadas tibetanos e incluyan la participación tibetana en el cuidado del medio ambiente sirviéndose de sus muchos siglos de sabiduría viviendo en la meseta tibetana.

 

5. Todas las actividades de desarrollo en Tíbet deben prestar la consideración debida al frágil medio ambiente tibetano y deben proporcionar el debido beneficio a los nativos tibetanos.

 

6. Pongan en libertad a todos los presos políticos, incluido Panchen Rimpoché Gedun Choeky Nyima, del mismo modo en que lo hizo Birmania, para crear una mayor confianza entre el pueblo y el gobierno.

 

7. Retomen el diálogo con los tibetanos con el compromiso y la convicción de buscar soluciones duraderas al Conflicto Tibetano así como paz y estabilidad en toda la región geo-estratégica.

 

Del mismo modo, en cuanto a la Comunidad Internacional, hacemos un llamamiento a los líderes del mundo libre, no sólo para que expresen su preocupación sino además para que intervengan en frenar la peligrosa situación que prevalece en el interior de Tíbet y ayuden a encontrar soluciones duraderas al Conflicto Tibetano de cara a un acuerdo de beneficio mutuo por medio del diálogo.

 

Confiamos en que, mientras se relacionen de forma constructiva con China, no se abstendrán de exponer su preocupación por los valores de la democracia, la igualdad, la justicia y los derechos humanos básicos que tanto aprecian ustedes.

 

Parlamento Tibetano en el Exilio.

Dharamsala (India). 22 de febrero de 2012.

 

El video del Honorable Portavoz del Parlamento Tibetano en el Exilio está disponible en www.tibetonline.tv

 

 

 

 

Escalofriante testimonio sobre lo que China no quiere que el mundo vea: Lhasa es un auténtico gueto tibetano controlado por el ejército

 

Un tibetano que acaba de volver de Lhasa ha contado a la organización Rangzen Alliance todo lo que allí ha visto. El relato es verdaderamente escalofriante y cuesta no acordarse de las condiciones en las que judíos, homosexuales o gitanos malvivían bajo el dominio nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Militares llevan detenidos a varios tibetanos en un pueblo. Foto de archivo.

Rangzen Alliance — Hay tibetanos que están desapariciendo; todo el mundo está muerto de miedo por un baño de sangre que parece inevitable. En Lhasa viven unos 1.200.000 chinos y aproximadamente 200.000 tibetanos. La mayoría de estos tibetanos viven en un barrio que está casi totalmente bloqueado por destacamentos militares con muros de entre tres y cinco metros de altura, algunos de ellos con cable de espinas. El aislamiento da la impresión de recordar al gueto de Varsovia [durante la Segunda Guerra Mundial]. Dentro de la zona controlada hay soldados armados, equipos de intervención policial y patrullas de policía por las calles veinticuatro horas al día. Las voces de las órdenes militares pueden oírse a lo largo del día entero. Hay camiones de intervención especial y vehículos armados en filas de entre seis y quince. Hay tanques rondando por la zona todos los días. Cada vehículo tiene en su interior a tres o cuatro soldados dispuestos en las torretas de las ametralladoras, armados además con rifles de asalto y ametralladoras de mano con las que amenazan a los tibetanos.

 

Todos los tibetanos deben ir identificados en todo momento. Los tibetanos residentes en Lhasa deben registrarse obligatoriamente en las comisarías de policía por el mero hecho de ser tibetanos y vivir en la ciudad. Han aparecido de pronto 134 puntos de control policial desde los que se cachea a los viandantes y se registran vehículos conducidos por tibetanos. Además de los puestos militares que hay de forma permanente en Lhasa y sus alrededores, se han establecido muchos más puestos militares de uno a diez soldados.

 

Policía Armada en las calles de Lhasa. Los vecinos chinos no tienen ningún tipo de limitación.

 

 

Las ceremonias de Kalachakra, uno de los eventos budistas más importantes, que se celebraron el pasado mes de noviembre en Bodhgaya (el lugar en el que Buda alcanzó el Nirvana) con la presencia de Su Santidad el Dalai Lama contó con la presencia de unos diez mil tibetanos que escaparon del país únicamente para asistir a estas jornadas. De esos diez mil, unos tres mil son en realidad informadores del gobierno chino. Los otros siete mil, cuando volvían a sus hogares a través de la India, Nepal, Hong Kong, etc. fueron en su totalidad retenidos y trasladados a campos de “reeducación” por un mínimo de tres meses. Los ancianos suplicaron que por favor les dejasen dormir en sus casas debido al terrible frío, pero se lo han prohibido. En muchos casos, cuando los familiares se han acercado con mantas para sus mayores, les dijeron que ya no estaban allí y que no sabían dónde se los habían llevado. Los siete mil tibetanos retenidos en los campos es habitual que se vean sometidos a interrogatorios. Son obligados por medio de amenazas y torturas físicas y psicológicas a decir en qué trabajan -a pesar de que todos han sido despedidos inmediatamente-, se les han cancelado sus pensiones y otras ayudas, se les obliga a dar nombres de parientes y sus datos de contacto, etc. Entonces es cuando se producen las redadas de casa en casa y esos familiares son también retenidos para ser interrogados y torturados sin importar que sean totalmente inocentes.

 

Aproximadamente cincuenta monjas que viajaban en autobús de camino a un retiro espiritual fueron arrestadas y retenidas para ser interrogadas, después de que un informante las acusara de haber hablado contra el gobierno. Todavía no se sabe nada de su situación ni su paradero.

 

Por su parte, también ha sido detenido un artista tibetano por pintar un tibetano que mira hacia un reloj que hay sobre su cabeza y ponerle como título “Esperando”.

 

También me han dicho que agentes de Seguridad del Estado se han llevado a mucha gente y no vuelven jamás. Simplemente desaparecen.

 

 

Los muchos puntos de control que hay en las carreteras de Tíbet sirven para mantener alejados a los tibetanos que no vivan en Lhasa. Además, si un monje o monja va en coche, los policías o los soldados no sólo le obligan a dar marcha atrás, sino que además le quitan el vehículo y le hacen volver andando. A todos los tibetanos que son parados en los controles les toman todos los datos. El palacio del Potala -la antigua residencia de los Dalai Lama- es un sitio de peregrinación religiosa para muchos tibetanos, sobre todo durante el Losar, el año nuevo tibetano, pero las carreteras de los alrededores están bloqueadas para que en Lhasa sólo estén los tibetanos que viven en la ciudad.

 

Agentes de la Policía Armada frente al Potala.

 

 

Antes vivían en el Potala de trescientos a cuatrocientos monjes; actualmente sólo son treinta y seis. Los soldados y otros funcionarios de seguridad viven ahora en las habitaciones en las que residían los religiosos. Forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, pero el gobierno chino lo utiliza en la práctica como puesto militar. Hay un enorme complejo militar que ocupa varias instalaciones. El antiguo monasterio femenino que se encontraba en la explanada delante del Potala sigue ahí, pero ahora son búnkers militares.

 

Entrada del monasterio de Jokhang

 

El cercano monasterio de Jokhang tiene tanta presencia militar y policial, tanto dentro como alrededor, que tienes que tener cuidado de no darte de bruces con ellos cuando llenan las calles del mercado cercano cuando salen a patrullar.

 

El monasterio de Drepung alojaba a entre siete y diez mil monjes. Actualmente viven menos de setecientos, y se dice que hay cien de ellos que están en huelga de hambre.

 

Por su parte, en el monasterio de Sera vivían unos seis mil monjes que ahora se reducen a unos doscientos cincuenta. Sera está rodeado por estaciones de policía y campamentos militares. Militares y policías patrullan sin descanso el campus, incluso interrumpiendo los debates monásticos que forman parte de sus estudios sobre filosofía budista.

 

Norbulingka, el palacio de verano del que tuvo que escapar a toda prisa el Dalai Lama en 1959 conserva apenas entre seis y diez monjes, de los trescientos que lo habitaban antiguamente. Los objetos personales que pertenecían al Dalai Lama cuando huyó a la India fueron vendidos a un hombre de negocios chino y se cobra entrada a los turistas para ver los animales, a pesar de que todo el recinto de Norbulingka está en teoría protegido como Patrimonio de la Humanidad.”

 

 

El autor del testimonio, reproducido por Phayul.com y traducido al español por ¡Libertad Para Tíbet! ruega la difusión para que el máximo de gente posible -incluidas organizaciones de Derechos Humanos, gobiernos, medios de comunicación, Facebook, Twitter, etc.- sepa cual es la situación real que se vive en estos momentos en Tíbet y muy especialmente en la capital, Lhasa.

 

Muchas gracias.

De la libertad de las montañas más bellas del mundo a la desesperanza cuadriculada de un consumismo imposible. El drama de los nómadas tibetanos.

(Los nombres han sido alterados para no desvelar la identidad real de los entrevistados. Las imágenes no se corresponden con las localizaciones y personajes del artículo.)

 

 

Lobsang, un hombre moreno y curtido con una mata de pelo negro azabache y una sonrisa radiante, es conocido por ser el hombre más feliz de su aldea. Al antiguo nómada se le escapa una risa contagiosa después de prácticamente cualquier frase que pronuncia, incluso cuando cuenta la historia de su propia desgracia.

 

Las autoridades chinas le dijeron que si dejaba de pastorear con sus yaks y ovejas y cambiaba todo aquello por una casa en un campo de reubicación para tibetanos nómadas, se podría comprar un coche, abrir un negocio y recibir ayudas del gobierno. Ya tiene la casa; dos habitaciones de apenas tres metros de ancho por cuatro de fondo, pero poco más. “Nos alegramos por trasladarnos, pero ahora no tenemos nada”. Dice Lobsang a sus 46 años, soltando una risotada que deja comprender el caracter siempre afable y humilde característico de los tibetanos.

 

Cuando se mudó a su nuevo hogar, hace ahora tres meses, se dio cuenta rápidamente de que las oportunidades de empleo eran mucho más limitadas para él y para su hijo de veinticinco años de lo que le habían prometido. Ahora sobrevive trabajando en la construcción durante los meses de verano, ganando unos 8 euros al día, con suerte: “No hay buenos trabajos; nos limitamos a cavar zanjas”, dice Lobsang. “Somos nómadas, no estamos acostumbrados a ese trabajo”.

 

Lobsang y su familia son una de las más de 100.000 familias nómadas que han sido trasladadas de las llanuras y pastizales a viviendas permanentes en campos de reubicación en la provincia de Qinghai, cerca de la frontera tradicional entre Tíbet y China.

 

 

Desde 2009, el gobierno de la provincia de Sichuan ordenó la construcción de 1.4000 nuevas comunidades para 100.000 familias. Lo suficiente para alojar a la totalidad de nómadas tibetanos. En la región autónoma que China reconoce como Tíbet, 1.850.000 nómadas y pastores (aproximadamente el 60% de todos los que hay) ya han sido reubicados durante el último año.

 

En un reciente artículo, un veterano político chino en Tíbet, Zhu Weiqun, indicó que el Partido Comunista quiere probar con políticas que integren más a los tibetanos como parte de China, añadiendo que reservar privilegios a las minorías étnicas es un obstáculo para la unidad de la patria.

 

 

Las políticas de reubicación tienen como objetivo, según afirma el gobierno, preservar el medio ambiente, a pesar de que buena parte de los tibetanos han sido pastores nómadas desde hace miles de años y el Tíbet ha sido reconocido siempre como uno de los entornos más puros y bellos del planeta.

 

Sanjiangyuan está en Tíbet. Es la reserva natural más grande de China y en ella nacen los tres ríos más importantes de la república: Río Amarillo, el Yangsé y el Mekong. Sin embargo, se está viendo afectado por el cambio climático y el gobierno dice que la actividad de los nómadas tibetanos empeora el problema. Sin embargo, tibetanos, grupos de Derechos Humanos y ecologistas saben que lo que empeora el problema es la minería china en el lugar. China, siguiendo su costumbre de reconocer sus mentiras pero sin aceptar que miente, dice que en realidad los nómadas son reubicados para poder abrir minas en sus territorios en el futuro.

 

Otro motivo es el deseo de darle un impulso socioeconómico al Tíbet similar al que ya existe en el resto de China: Por medio de la urbanización express.

 

 

Robert Barnett, director de Estudios Tibetanos Contemporáneos de la Universidad de Columbia (Nueva York) vivió en Tíbet entre 2000 y 2006. Asegura que China se empeña en impulsar un modelo estrecho de miras pretendiendo que la misma fórmula sirva para todos sus ciudadanos: Poner a la gente cerca de carreteras y convertirlos en consumidores: “En China son muy torpes a la hora de reconocer que hay distintas formas de desarrollo y modernización”.

 

Una población especialmente grande, Tongde, tiene filas y filas de casas idénticas, y como se está quedando sin espacio para extenderse, se están construyendo más y más edificios altos. También hay plan para proporcionar sistemas centralizados de sanidad y educación (por supuesto, en chino mandarín). Aun así, en verano los nómadas tibetanos salen a pastorear a las tierras altas, habitualmente en grupos de hasta veinticinco personas que viajan allá donde encuentren hierba y agua. Para ellos sus yaks son imprescindibles. Los usan para transportar sus tiendas y equipamiento, además de por su carne y su leche, con la que hacen mantequilla y yogur. Incluso su estiércol se seca y se quema como combustible.

 

 

Para Lobsang, una vida entera en los pastizales de las montañas ha terminado de repente. Sabe que seguramente jamás reunirá suficiente dinero como para volver a tener su propio rebaño. Todo lo que ganó vendiendo sus animales se lo tuvo que gastar en su nueva vivienda de dos habitaciones. El resto lo subvencionó el gobierno.

 

Ahora reconoce haberse dado cuenta de que había subestimado enormemente el coste de vivir en un mundo donde no hay nada gratis: “Cuando era nómada comía carne todos los días, bebía té con leche de yak y me vestía con pieles de oveja. Ahora no puedo, lo tengo que comprar todo y comer verdura”.

 

 

El colorido festival del Año Nuevo Tibetano suele ser sinónimo de dos semanas de canciones, danzas y alegría junto a la familia y demás seres queridos. Pero para muchos tibetanos el Losar ya no tiene nada de festivo.

 

“Este año se ha cancelado todo”, explica Sonam, un anciano pastor de 62 años de Zeku, mientras bebe té con mantequilla de yak y masa frita, tan tradicionales de la dieta tibetana.

 

“Normalmente, por la mañana quemamos incienso y encendemos fuegos artificiales por la noche, pero este año nos sentimos muy tristes por todos los que están perdiendo su vida por nosotros, así que no lo haremos”.

 

Mientras la atención internacional se centra a ritmo desesperantemente lento sobre los actos desesperados de quienes se han prendido fuego, las concentraciones y manifestaciones de protesta han tenido como protagonistas casi siempre a aldeanos, y no sólo en solidaridad de sus queridos monjes.

 

Las emociones en los muchos campos de reubicación controlados por el gobierno van entre la frustración silenciosa y la rabia difícilmente contenida por un gran abanico de problemas: Cómo se trata a los monjes, las restricciones a la hora de viajar, los impedimentos a la práctica de su religión o la pérdida desbocada de calidad de vida tras dejar de pastorear a los yaks en las montañas.

 

“Nos enteramos de lo que estaba pasando [las protestas del 23 de enero, en las que varios tibetanos murieron cuando la policía china disparó contra ellos delante de una comisaría] y pensamos en protestar del mismo modo, pero entonces supimos que había más de tres mil soldados en la zona, así que decidimos no hacerlo”, dice Namkha, un vecino de Tongren de 55 años. “El responsable del monasterio nos dijo que no lo hiciéramos por nuestra propia seguridad, así que nos tragamos la rabia”.

 

Según Barnett, es importante señalar que aunque China no tenga intención deliberada de destruir la cultura tibetana, su forma de pretender integrar Tíbet con China a su manera es errática, desigual: “Pretender modernizar el estilo de vida de los nómadas es equivalente a hacerlos desaparecer. Es muy difícil describir la legislación sobre reubicación de nómadas -que es enorme- sin verla como un ataque directo contra un aspecto fundamental de la cultura tibetana”.

 

Queriendo o sin querer, el resultado real es una verdadera erradicación, posiblemente en el plazo de una sola generación, de un modo de vida que ha existido durante más de cuatro mil años.

 

Fuente: Sydney Morning Herald / ¡Libertad Para Tíbet!

 

 

 

 

 

Y la lista sigue. Muere otro tibetano en Ngaba.

 

Nya Drul, un joven de 18 años de Zamthang (Ngaba, Amdo) se ha auto-inmolado hoy cerca del monasterio de Jonang mientras protestaba contra el gobierno chino.

 

A pesar de que las fuerzas armadas intentaron por la fuerza confiscar su cadaver, los monjes de Jonang consiguieron recuperarlo y se han celebrado ya las ceremonias apropiadas.

 

Nya Drul se prendió fuego y murió en el acto. Dejó testamento por escrito. Los tibetanos en el exilio temen que se pierdan más vidas y haya un baño de sangre en próximos días, concidiendo con el Año Nuevo tibetano (22 de febrero) y el Día del Levantamiento Nacional Tibetano (10 de marzo).

 

Fuente: Dossier Tibet.

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